lunes, 11 de febrero de 2013

El pianista

Al no haber palabras que alcancen para decir tan sutil sentimiento, busco alrededor de su imagen, su sonrisa, su gesto y en las cadencias melodiosas que estremecieron mi alma escondida en su secreto rincón. Y descubro que el hoy viene de mi ayer en tenues sensaciones. Aquel lejano instante, inmortal habitante silencioso, vuelve hoy en el pianista, en su rostro ingenuo, en su juventud inconciente, en sus manos, en sus dedos que, veloces, acarician el teclado del viejo piano. Es él y aquel otro al mismo tiempo, sin saberlo él, sin esperarlo yo. Hasta parece que el tiempo circula en ciclos, por los mismos lugares, volviendo sin cesar a recuperar trazas de un tiempo perdido.  



Nocturne Op. 9, n.º 2 
Martha Goldstein tocando en un piano Erard de 1851.

domingo, 3 de febrero de 2013

Clarice Lispector (*)

 


Encontré su nombre en el blog de Bel M. llamado Amapolas en Octubre, de casualidad. Preferí leerla antes de interiorizarme del análisis que sobre su obra hace Bel en su tesis.

¿Cómo saber por qué me interesé?. No lo se todavía. Lo cierto es que fui a comprar alguno de sus libros. Hasta ahora he leído sólo las seis primeras páginas de La Hora de la Estrella y prontamente he sentido que la autora me escribe a mí, que escribe mi cuerpo escribiendo con su cuerpo de su cuerpo.

Su escritura tiene la belleza de la verdad sin referente, de lo real que nadie dice, no habla de historias complejas, sino del instante vivido, me habla a mí, escribe de mi pluma.

Clarice Lispector es el cuerpo en la letra, intenta decir algo más, ensaya romper un límite, de lo simbólico, del tiempo.

¨¿Cómo empezar por el principio si las cosas suceden antes de suceder?¨
¨Si esta historia no existe, pasará a existir. ¨
¨Sólo no comienzo por el fin que justificaría el inicio -como la muerte parecer decir sobre la vida- porque necesito registrar los hechos previos¨

¨¿Cómo es que yo sé todo lo que seguirá y que todavía desconozco, ya que nunca lo viví? ... Quien vive sabe, aún sin saber que sabe.¨



(*) Escribí esto en el 2011 y lo publiqué en otro blog que hoy tengo abandonado. Lo trancribo acá para una twitera simpática que preguntó por Clarice Lispector.

 

sábado, 2 de febrero de 2013

Un jueves diferente

La vida parece más vida cuando golpea el alma en forma inesperada. Sin apuro, sin buscar demasiado, cuando la quietud inunda, cuando sobrevive sólo un ligero alerta en la mirada, el oído y la piel. La Feria de Artesanos iluminada estaba allí.

De la mano del artista, que extrae de su propio cuerpo los secretos de lo sublime, me llega la obra más bella. Tan bella como el corazón de su autor, no puede ser de otra manera. 

Hoy ha ocurrido lo que es irrepetible. Fue un jueves diferente. La música silenció todos los ruidos. Se hizo oir, se hizo emoción, se enlazó a imágenes que fueron realidades. Nunca es nueva la emoción. Sólo el artista puede robar el hoy para llevarlo a lo ya vivido. El artista es el Señor del Tiempo.  

Fue un jueves diferente. Un banjo abrazado a su dueño, solitario y soñador, abriendo puertas sonoras hacia mi escondido ArcoIris, mi inaugural SuiGeneris y los rostros del amor.

Aladas manos sobre una guitarra, un melancólico violín y un piano armonizaban sonidos que volvieron a unir lo disperso. Infiltraron mi cuerpo de un pasado perdido, de reminiscencias a PinkFloyd, a colores y aromas de calles parisinas, a un antiguo blues y a un más lejano rag.

También fue un jueves en tiempo de tango, de instantes porteños al estilo del lánguido SanTelmo. Tuvo ese no se qué -¿sabe ud.?- que me trajo su voz y el ceño fruncido de su rostro austero. Su paso milonguero en el momento justo. El bandoneón que abre el fuelle insaciable y el compás que guarda el secreto de tantas emociones.

Y por fin, en ese jueves diferente, la joven titiritera, creando con su sólo movimiento, la vida en su escuálido personaje y su valija. El deseo de la artista, envuelto en música de organito, crea el alma. Es como Dios, hace su obra a imagen y semejanza. Sólo basta que haya una mirada, un oído y un corazón que lo reciba y el milagro se produce. Las palabras y las lágrimas vendrán después.
 

domingo, 20 de enero de 2013

poema sin nombre

oye ese latir
búscame allí que estoy
en el sitio del encuentro
otra vez, una vez más
siempre en el mismo lugar
sin morir, sin vivir
aquellos instantes
que quedaron quietos
cuando ocurrieron
donde no fueron
donde quedaron
desafiando el tiempo
en el único lugar 
sin vencimiento
donde eres tal como eras
donde me ves
ilusoriamente
incorruptible
en ese lugar eterno
dentro de mí
y de ti
inmortal
si


lunes, 14 de enero de 2013

La búsqueda vana

Buscamos lo perfecto, pero apenas encontramos su sombra. Como en la Caverna. Tal vez Platón tenía razón, de ahí la angustia. Si hay vida hay angustia, sino es otra cosa.

El arte es imperfecto, es como la vida. Lo que está hecho a pulso, late como el cuerpo. Sino es estático, inerte, le falta el tiempo. Si quieres vida, pues, que esto te cueste.

La vida es tiempo.

Un Anónimo me dejó este comentario un día: ¨No intentes explicar el porqué de los tiempos de olvido, ni aceitar tu memoria. No vale la pena esa pena. No vivas las quimeras que habitan tu alma...vive los ratos que aparecen sin causa , disfruta el momento . Recorre y atraviesa con intensidad éste, tu tiempo.¨

Y yo le contesté: ¨gracias Anónimo.¨

Debí agregar, ... ¨por lo que no podré hacer¨

 

martes, 8 de enero de 2013

una mujer solitaria

es quien ve lo que los demás no ven y sigue su camino

es la que sabe que aquel no volverá jamás

si es que alguna vez estuvo



viernes, 6 de abril de 2012

el saxo


Te tuve sin darme cuenta. Eras una sensación. Escuchabas. Mi voz tenía cuerpo y mi cuerpo consistencia. Un día perdí tu saxo y mis vestidos se ajaron. Cai hasta lo más bajo. Caminaron en mi cuerpo. Quedé al final de la fila en aquel bodegón oscuro. A nadie le importaba que yo lo hubiera perdido, sólo a aquel hombre que, a pura voz cantaba, entonando una canción triste que penetró en mis venas. Un hilo de fino oro me mantuvo viva, haciéndome comprender lo que ni tu comprendías: que sin ley no hay nada y que, al menos, con ella, persisto, buscando tu voz en las voces de los que no son escuchados.