tus manos heladas
en las mañanas blancas
esperaban que el mundo
admirara tus ansias
de resistir los dolores
desanudando ataduras
en la alborada
imaginaban ser libres
pagando con martirio
ignotas culpas de tu alma
aún así
la inexorable vida
no escuchó tus reclamos
y finalmente se fue
aquella que te amaba