lunes, 1 de agosto de 2016

Jorge Luis Borges,¿visionario de la física cuántica?

¿Qué relación tiene la obra de este escritor argentino con el desarrollo de una de las ramas más avanzadas del conocimiento del universo? El Espectador habló con Alberto Rojo, físico y especialista en mecánica cuántica sobre este tema.
Por: Steven Navarrete Cardona

Jorge Luis Borges,¿visionario de la física cuántica?
Foto: Jorge Luis Borges y Alberto Rojo.
AFP- Cortesía
“En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts’ui Pên opta –simultáneamente- por todas. Crea así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan”, anota Borges en su cuento ‘El jardín de los senderos que se bifurcan’ escrito por primera vez en 1941. Desde aquel entonces hasta el día de hoy, este cuento como otros textos de la obra de Borges siguen cautivando y causando curiosidad tanto a los amantes de la literatura como de la física. 
“A Borges lo leo desde muy chico, antes de decidirme a estudiar física. Sus libros me acompañaron durante toda mi vida. Soy de la generación que vio publicar a Borges sus libros. Los fui leyendo, con la compañía de mi padre, que es filósofo. Después me fui a estudiar física y luego empecé a encontrar conexiones. Si bien Borges era alguien que no tenía formación de científico sí tenía cierta afinidad por las ideas rigurosas, había leído mucha divulgación de las matemáticas así como una preferencia por las paradojas, eso lo lleva a escribir de una manera única”, explica el físico y especialista en mecánica cuántica en diálogo con El Espectador.
Rojo es un reconocido divulgador científico que reside en los Estados Unidos desde hace algunos años, además, autor del libro ‘Borges y la física cuántica’ publicado por Siglo XXI Editores que llega a su quinta edición en menos de dos años. En dicha obra desmenuza concienzudamente, a partir de sus publicaciones y de un encuentro con el autor argentino, la recepción que su trabajo ha tenido en el campo científico. 
“Borges no sabía nada de física y lo hablé con él 1985, me sorprendí con su afirmación de que de física sólo sabía usar el barómetro. Su contribución se anticipó a una idea de la física cuántica y está en el cuento ‘El Jardín de los senderos que se bifurcan’, en ello baso mi libro. La idea que el postula en 1941 no existía. En la actualidad la idea de universos paralelos, de universos que se crean en cada toma de decisión es bastante conocida pero cuando la escribe Borges no se había mencionado. Quince años después del cuento de Borges aparece un artículo de Hugh Everett III donde propone la teoría de la “Interpretación de los muchos mundos”, afirma Rojo. 
¿Pero entonces los científicos copiaron la idea de Borges?
“Indagué y según dicen, ese investigador no había leído a Borges. Cuando empecé mi trabajo el autor había muerto pero uno de sus colaboradores de su tesis me indicó que no conocían el trabajo de Borges. Es así como Borges se anticipa de forma literal a una de las interpretaciones de la física cuántica”, enfatiza Rojo. 
Como bien señala Rojo, la obra de Borges no sólo influyó a la física y a las ciencias naturales, con apuestas como -El Teorema de Borges- sino también en las ciencias sociales y las humanidades, como es el caso del filósofo Michel Foucault, que en su libro ‘Las palabras y las cosas’ publicado por primera vez en 1966, inicia con una confesión de parte sobre el poeta argentino. Así lo narra Foucault al hacer referencia al artículo de Borges, "El idioma analítico de John Wilkins". 
“Este libro nació de un texto de Borges. De la risa que sacude, al leerlo, todo lo familiar al pensamiento —al nuestro: al que tiene nuestra edad y nuestra geografía—, trastornando todas las superficies ordenadas y todos los planos que ajustan la abundancia de seres, provocando una larga vacilación e inquietud en nuestra práctica milenaria de lo Mismo y lo Otro”.
Actualmente la obra de Borges continúa leyéndose de forma intensa en el mundo académico. Basta hacer una búsqueda en ‘Google Académico’, donde se pueden encontrar 102.000 resultados en 0,05 segundos. Asimismo se pueden encontrar una cantidad de resultados considerables en bases y repositorios digitales como  RedALyC, Scielo, y  Scopus.

Fuente

miércoles, 29 de abril de 2015

Clarice Lispector, ese misterio

No puede no conmocionarse el que lee a Clarice Lispector por primera vez. Es una escritura extraña, intima, femenina. Es una escritura que buscar el encuentro con lo real y arrastra al lector hacia esos confines. Casi descarnada al mostrar la esencia del encerramiento humano en su propio cuerpo.

Aquí dejo este texto publicado por Caetano Veloso donde narra su vivencia al conocerla en el texto y luego personalmente.

 

CONOCIENDO A CLARICE



Por Caetano Veloso


Mi primer contacto con un texto de Clarice Lispector tuvo un enorme impacto sobre mí. Era el cuento “La imitación de la rosa” y yo todavía vivía en Santo Amaro. Tuve miedo. Sentí mucha alegría por encontrar un estilo nuevo, moderno –yo estaba buscando o esperando algo que iría a llamar “moderno”–, pero esa alegría estética (llegaba incluso a reírme) venía acompañada por la experiencia de la creciente intimidad con el mundo sensible que las palabras evocaban, insinuaban, dejaban que ocurriera. Una joven señora volvía a enloquecer ante la visión de un arreglo de rosas jóvenes. Y volver a enloquecer era una desgracia para quien con tanta aplicación había logrado curarse y reencontrarse con su felicidad cotidiana: pero era también –y sobre todo– un instante en que la mujer era irresistiblemente reconquistada por la gracia, por una grandeza que anulaba los valores de la rutina a la que ella apenas había vuelto a apegarse. De modo que quien leía el cuento iba queriendo agarrarse con aquella mujer a los matices de la normalidad y, al mismo tiempo, entregarse con ella a la indecible luminosidad de la locura. Era una epifanía típica de los cuentos de Clarice, que iría a reencontrar innumerables veces en los años en que siguieron a aquel 1959. Agradezco a Rodrigo, mi hermano, siempre tan bueno, ese encuentro. El me regaló una suscripción de la revista Senhor donde leí ese y otros textos de Clarice (“Los desastres de Sofia”, tal vez “El crimen del profesor de matemática” y “Lazos de familia”, con seguridad “La legión extranjera”, además de pequeñas notas y hasta alguna crítica). Después él me regaló los libros que continúan a esos y otros cuentos nuevos. Y, finalmente, las novelas, que no parecían para nada novelas: La manzana en la oscuridad (que me decepcionó considerablemente) y La pasión según GH (que nunca me pareció perfecto como los cuentos perfectos, pero que me sorprendió más que los cuentos más sorprendentes): nunca leí Cerca del corazón salvaje, su primer libro y por lo tanto considerado el mejor. Pero leí el extraño libro de historias “eróticas” y las novelas La hora de la estrella y Agua viva. Recientemente, mi hijo Moreno, de diecinueve años, me leyó, con lágrimas en los ojos, largos fragmentos de Un aprendizaje o el libro de los placeres. En todos esos reencuentros, siempre el flujo de la vida aflorando por entre las palabras, a veces con intensidad perturbadora; frecuentemente me viene a la cabeza el tono, el ritmo, el sentimiento de su cuento “Mineirinho”.
Leer a Clarice era como conocer a una persona. En 1966, cuando llegué a Río para vivir e intentar trabajar, José Wilker me dio el teléfono de ella. Una noche, en presencia de Torquato Neto y Ana, entonces su mujer, decidí llamarla. Clarice atendió inmediatamente, como si hubiera estado esperando la llamada. No demostró ninguna extrañeza y habló conmigo como si ya nos conociéramos y hubiéramos conversado habitualmente todas las noches. Volví a llamarla muchas veces. Eran conversaciones muy directas (“Estoy enojada con la vida, mi máquina de escRibiR se Rompió –con esas erres hebreas–) y el teléfono era atendido siempre rápidamente. Un día me dijo que había visto mi fotografía en la tapa de la revista Realidade –yo entre los otros novísimos de la música popular–. Un año después, ya viviendo en San Pablo, volé a Río solo para participar de una gran reunión de artistas e intelectuales que, con Hélio Pellegrino como portavoz, querían exigir del gobernador del estado de Guanabara, el Dr. Negrao de Lima, una actitud nítida en relación con el asesinato, por parte de la policía, de un joven llamado Edson Luís, estudiante, en el restaurante universitario llamado Calabouço. Yo estaba en medio de una casi multitud que llenaba la sala de espera del Palacio cuando sentí un golpecito en el hombro y oí la voz inconfundible: “Joven, yo soy Clarice Lispector”. Me volví muy tímido y nunca más nos hablamos. Volví a verla en un show de Bethânia, a quien ella se acercó al final de su vida. Pero no parecía que hubiéramos tenido algún contacto antes. Las veces que hablamos por teléfono, le dije que la admiraba mucho. Pero eso no expresaba una milésima de mi verdadera admiración y no decía nada sobre mi amor. Nuestro encuentro personal tuvo al final un gusto de desencuentro y cuántas veces lamenté haber dejado la impresión de que mis llamadas habían sido una irresponsabilidad. O haber quedado con la impresión de que la había decepcionado con el prosaísmo de mi timidez, de mi cara, de mi música.
Lo que nunca cambió fue el sentimiento que la lectura de sus textos provoca en mí. A veces vuelvo a leer “Amor”, “Los desastres de Sofía”, “La legión extranjera”, o incluso “Una gallina”, que en los años 60 yo sabía de memoria como si fuera una canción, y ellos permanecen como momentos de la literatura brasileña moderna, momentos perfectos de vida en las palabras, momentos perfectos.
Catálogo de la exposición A paixão segundo Clarice Lispector, Río de Janeiro, octubre de 1992.

Fuente: Página12

lunes, 27 de abril de 2015

Infinito movimiento

Estar en constante movimiento sin poder anclar en un sentido es, respecto a la angustia, un desafío. Sin embargo parece también que a cada instante se abre una esperanza. Una esperanza que pronto vuelve a caer. No queda nada, hay un instante de nada, de la nada misma. La angustia sabe que es sólo transición. Entonces todo sigue, nada se derrumba, todavía hay vida. Eso es vivir para mí hoy. Es un sentir diferente a otros momentos pasados de una vida que, creía, era mía.

Hoy leí que Borges iba a una librería con su madre, ya en 1955, se dirigía hacia las estanterías, recorría el lomo de los libros, reconociéndolos, luego sacaba uno y hablaba de él. Digo, siempre hay alguna posibilidad en un instante.

¨ Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya veras cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.¨  (La casa de Asterión, J. L. Borges)

domingo, 8 de marzo de 2015

Lo imposible del amor

Si no es locura no es amor.

Todo desencaja suavemente
y asoman cosas del pasado
con sonido a guitarra, a bandoneón
un melancólico cantor
un olor a café

Y esas ganas de abrazarte ...

Cómo decirte ...

Así es lo imposible del amor

Ingenuidad la de querer retenerlo.

Gracias que hoy te reencuentro
en los intersticios de mi mente
sin saber siquiera
si aún persisto o si vivo allí
en ese espacio de belleza envolvente
ni si aún estás ahí.


No dejaré de intentarlo

¿​Cómo escribe un escritor?​


​ Mi escritora interna que nunca fue, ve que todos los ojos miran.  Mira los ojos que miran. Es un punto extremo; las pasiones quedan en suspenso; lo que sigue es la muerte. Hay que hacer algo. 


Los minutos pasan...  

L​o vivido está en la memoria; mi historia es una de todas las posibles, lo que vale es que a alguien le interese que yo se la cuente. Pero no soy poeta. El poeta sabría enlazar esas imágenes y las deslizaría hacia tus oídos o haría que las leyeras en eco. ¿Eres alguien inexistente? 


​Esta historia comienza con aquel sonido lejano, de ciudad viva, de algo misterioso que llama mi atención, de anónimo ajetreo, de sitio turbio, de lugar inevitable. Inútil es resistirse -pienso- indefectiblemente hacia allí debo ir. No lo deseo, lo se. Quiero que se detenga el tiempo, quedarme allí, en esa habitación tórrida, semi oscura, cerrada. Es la conciencia la que está asomando a mi mente. Conciencia de una realidad que sospecho, que no conozco, que me espanta, a la que voy a ser arrojada sin remedio. Me veo sola, caminando adelante, sin saber adonde, sin miedo. Me hicieron creer que podía, que había algo que se llamaba vida, que había que vivirla. Yo no entendía, pero sabía que no podía no crecer, que ninguna resistencia lo impediría. 

Corrían los imborrables días de noviembre de 1961, cuando las cartas estaban siendo echadas.


lunes, 26 de mayo de 2014

Carlos Gardel - Volvió una noche



Volvió una noche, yo la esperaba
Había en su rostro tanta ansiedad
que tuve pena de recordarle
su felonía y su crueldad

Me dijo humilde: "si me perdonas
el tiempo viejo otra vez vendrá
la primavera de nuestras vidas
verás que todo nos sonreirá"

Mentira mentira, yo quize decirle
las horas que pasan ya no vuelven más
Y así mi cariño va al tuyo enlazado
es sólo un fastasma del viejo pasado
que ya no se puede resucitar

Callé mi amargura y tuve piedad
sus ojos azules muy grandes se abrieron
mi pena inaudita pronto comprendieron
y con una mueca de mujer vencida
me dijo 'es la vida', y no la ví más

Volvió esa noche, nunca la olvido
con la mirada triste y sin luz
y tuve miedo de aquel espectro
que fue locura en mi juventud

Se fue en silencio, sin un reproche
busqué un espejo y me quise mirar
había en mi frente tantos inviernos
que también ella tuvo piedad.


domingo, 18 de mayo de 2014

Conjeturas de Borges
Por José Pablo Feinmann
A Juan Carlos Desanzo
El 4 de junio de 1943 hay en la Argentina un golpe de Estado. Son militares con simpatías por el Eje y con antipatías por la oligarquía tradicional pro-británica que ya buscaba en Robustiano Patrón Costas al futuro presidente de la nación. Que un personaje de la oligarquía terrateniente se llame Patrón es verdaderamente un símbolo impecable. También eran impecablemente pro-fascistas los militares del ‘43, que hasta prohíben el lunfardo. Apena –con frecuencia– pensar este país. Y a veces no, a veces es fascinante porque el Bien no está en ninguna parte, la Verdad tampoco. Pareciera, en cambio, inalterable la permanencia trágica del Mal y del Error. ¿Qué había que hacer el 4 de junio de 1943? ¿Salir a la calle a cantar la Marsellesa y aceptar mansamente una candidatura fraudulenta tramada entre los estancieros y la Cámara de Comercio Británica? ¿Salir a la calle a vivar al ejército antibritánico, nacional, proteccionista, patriótico, que tan horrorosamente se parecía a las hordas de Hitler? Borges hizo otra cosa: escribió un poema tan complejo como complejo es el país cuya historia de sangre y desencuentros lo inspiró.
El “Poema conjetural” –pieza clave en la obra borgeana– se publica en La Nación el 4 de julio de 1943; coherente con esas simetrías de la realidad que Borges amaba, la fecha refleja –con la diferencia de un mes– la del golpe militar fascistoide, antibritánico y antioligárquico. “Utilizando el recurso del poeta inglés Robert Browning en sus Dramatis Personae (1864), Borges imagina el monólogo de su ancestro Francisco Narciso de Laprida en el momento en que iba a ser degollado por sus perseguidores” (Borges, una biografía, Horacio Salas). Escribe Borges: “Yo, que estudié las leyes y los cánones, yo, Francisco Narciso de Laprida, cuya voz declaró la independencia de estas crueles provincias, derrotado, de sangre y de sudor manchado el rostro, sin esperanza ni temor, perdido, huyo hacia el Sur por arrabales últimos”. El Sur es, en Borges, el espacio de la barbarie. Ahí encuentra su destino secretamente anhelado en las noches de fiebre, Juan Dahlmann. Hacia el Sur, también, huye Borges en la trama paranoica de “El amor y el espanto”. Son huidas hacia el centro del sentido. Hacia “la letra que faltaba, la perfecta forma que supo Dios desde el principio”. Laprida, como Dahlmann, como Borges, completa su figura dialéctica en el Sur. (Utilizo el lenguaje de la Fenomenología del Espíritu, que Borges desconocía por completo, como tantas otras filosofías que ignoró.) Pero en este civilizado que huye de los bárbaros para encontrarlos está la densidad conceptual del poema. “Yo que anhelé ser otro, ser un hombre de sentencias, de libros, de dictámenes, a cielo abierto yaceré entre ciénagas; pero me endiosa el pecho inexplicable un júbilo secreto. Al fin me encuentro con mi destino sudamericano.” Más allá de Sarmiento, el “Poema conjetural” plantea la experiencia de la verdad, de la síntesis, como una mixtura dionisíaca (el pecho se endiosa con un júbilo secreto). Es el júbilo de la verdadera identidad, de la plenitud del ser alcanzada por medio de la integración enriquecedora, compleja, de los contrarios. Laprida sabe que en el país que habita sólo habrá de ser un culto cuando lo penetre la barbarie, “el íntimo cuchillo”. Ser es ser una contradicción viva, una totalidad ardiente, problemática, conjetural, no definitiva sino abierta. Sartre diría: “una totalidad destotalizada”. El cuchillo de la barbarie completa el rostro del doctor en leyes. “Ya el primer golpe, ya el duro hierro que me raja el pecho, el íntimo cuchillo en la garganta.” Ya civilizado, ya bárbaro, para siempre las dos cosas: eso es ser argentino. Nadie podrá serlo sin llevar en su alma el aliento peligroso de las crueles provincias.
Borges, en el “Poema conjetural”, va más allá de sí mismo. Su propia interpretación del poema es pobre. Suele afirmar que lo escribió cuando ya sentía sobre él la amenaza del peronismo. Pero si el peronismo era (como lo era para Borges) la barbarie, el heredero de las montoneras de Aldao, entonces Borges debió secretamente recibirlo con júbilo, con el secreto júbilo con que Laprida recibe el cuchillo del final, el íntimo cuchillo, ya que esa daga le permite cerrar su rostro incompleto, encontrarse con su destino sudamericano. Esto, claro, estaba muy lejos de las simplezas políticas de Borges. Como poeta, como el gran literato que era, se acercaba a estas complejidades de la historia; pero como hombre político no iba más allá de sus condicionamientos de clase, de sus mezquindades de niño cultivado, de antifederal obstinado, de gorila montevideano, espacio en el que engendra “La fiesta del Monstruo” que es, por su linealidad, por su textualidad frontal y propagandística, la antítesis del “Poema conjetural”.


Fuente: Página12

domingo, 11 de mayo de 2014

Sin aquel ayer hoy no sería

No mirar atrás. No recordar cómo era el amor. No olvidar que no hay restitución de lo que fue.
Es eso lo mejor para no sentir tanta tristeza. Pedir al Todopoderoso que guíe mi letra para conectar con esa esencia confusa y melancólica. Para escribir palabras esquivas buscando aquel lugar; un punto de contacto. Ese que no deja de alejarse. Pedir un testigo, que vea, que sienta, que suene en consonancia. 
Y sino, buscar la última salida. La de creer que él está allí todavía, donde lo pienso. Que busca también el contacto, que no puede olvidar. Que vive con un dejo similar de tristeza. Deseando volver al mismo lugar, el de la partida, aún sabiendo que no hay regreso; ni lugar

domingo, 4 de mayo de 2014

Tú, eterno

Vivimos y morimos en nuestra mente y por nuestra mente. Acá estoy transportada en el tiempo volviendo a esos laberintos, a tus cabellos negros y tu espera en la puerta de entrada, aquella noche de frío intenso. Quisiera que estuvieras aquí. Tu cabeza recostada sobre la mesa mirándome, sin poder sostenerla de tanto amor. La mirada de los otros de marco angustiante a lo que sentíamos. Estaban allí pero desaparecían ante esa ola irrefrenable de algo inenarrable, que se trocaba en la música, la de tu voz, shine on you crazy diamond. No volverá ese tiempo, ni yo seré más, ni tú serás aquel; pero si te viera en la calle un día, mis piernas se aflojarían como cuando te vi aquella tarde doblar la esquina. Dedicaría a ti mi emoción silenciosa y pensaría que te pasa lo mismo. Nada borrará el recuerdo de aquel día de lluvia, cuando empapado viniste a buscarme. Si no fuera por ellos, grabados en los laberintos de mi mente, no viviría hoy, ni mi corazón tendría consuelo. Tu das el color a mi vida, la que fue, y no deja de ser presente en la intimidad de mis noches, cuando vuelves lejano a mi mirada; siempre allí de negro y esperándome. 


miércoles, 12 de febrero de 2014

De regreso

Hoy volví a mi pueblo buscando no se qué. Ahora en mi cuarto espero que algún ruido se escuche alrededor. No hay nadie en las calles; humanos y animales se esconden. Nadie osa asomar a semejante sol. El sudor que me empapa, brota y se desliza por mi piel; recorre cada uno de los surcos de mi cuerpo. Imágenes de la novela de Camus, El extranjero, vienen a mi mente. La leí en mi adolescencia. Estaba tan bien escrita que el autor podía hacerme sentir el tedio, la falta de sentido y el calor que embargaba al protagonista. Ese, ahora soy yo. Siento igual.

Entré por el norte, por la calle central. Caían los rayos del sol de lleno sobre el coche. Me ahogaba. Mi boca se abría para aspirar el aire escaso. Si no llegaba pronto moriría -pensé. Al pasar por el centro del pueblo, al costado de la plaza, algo me pareció familiar. Es reminiscencia, dije, sin prestar mucha atención. El viejo cine todavía estaba allí. De pronto se agolparon los recuerdos y sobrevino la nostalgia. Envuelta en ese ánimo terminé de cruzar la calle principal, hasta el fondo. Doblé a la derecha y allí la divisé, solitaria, a la casa. Se veían desde lejos, la higuera y el ciruelo. Imaginé las brevas reventadas. Al llegar busqué abrir la pesada tranquera que me mostraba el sendero. Vi el caminito, la quinta abandonada, la vivienda. La imaginé por dentro, con sus cuatro paredes, entristecidas pero celosas al guardar entre sus muros las vivencias de familia. Vacía. Nadie de los que habían vivido en ella, la habitaba ya. No estaban. Todos habían muerto salvo yo. Ninguna angustia me embargó. Era para mí, sólo un pensamiento.

Recordé cuando un día mi padre me dijo: nadie pasa por la vida sin dejar huella. de todo ser queda un resto. Esos restos estaban allí. Lo que él había hecho con sus manos, su morada, solitaria, cerrada. Lo que sembró. Lo que ideó. Sus pensamientos y los de mi madre, estaban aún, en el lugar elegido para la higuera y el ciruelo, en los ahora surcos tapados de malezas. En las paredes tardíamente revocadas. En las puertas y ventanas mirando al este, por donde el sol del amanecer nos visitaba. En el fondo, los cacharros viejos y oxidados no habían desaparecido, eran eternos. El angosto pasillo entre la medianera del vecino y la pared de la casa por dónde pasábamos para escondernos de los retos. Me producía miedo recorrerlo pero igual lo hacía; le temía a las arañas, único bicho peligroso para mí. Hacia la esquina, la casa de Don Vasco. Más recuerdos sobrevinieron. También ellos murieron, excepto Felicitas, esa amiga casi hermana que escuchaba mis delirios. La chica de la pollera azul con mucho vuelo, para disimular su extremada flacura. La sensación de seguridad que me daba. Siempre estaba. Pero un día la abandoné. Fui yo la que se fue. Y aunque luego volví, ya nunca fue lo mismo. Cortar las cadenas es para siempre. Tanto lo aprendí que a futuro tendí a no romper vínculos hasta que la vida, en su devenir natural, lo hiciera. No se si fue lo mejor, pero así fue. Hoy ya no. No hay nada que me ate. Puedo ir y volver sin esperar a nadie ni a nada. Nada se rompe si no hay nada. Solo estoy yo con mis pensamientos. Tampoco hay sufrimiento. Solo un extraño saber de que al irme solo quedará algún rastro en mi pueblo.


lunes, 13 de enero de 2014

Un día de verano de 2014



Acá estoy, luchando con el calor. Me levanté temprano y dejé todo cerrado para mantener fresquito. Al rato la casa se me empezó a calentar y yo empecé a chorrear agua por el cuello, hasta que me dije voy a abrir la puerta para que corra un poco de aire. Pero cuando lo hago una ráfaga de aire caliente me quemó las pestañas. El gato que estaba tirado en el suelo hacía 3 horas se sobresaltó y salió corriendo hacia mi habitación donde tiene prohibido entrar. La tortuga venía caminando rápido por un caminito del jardín, con el cogote levantado como diciendo: ¨Ay, que no me cierre la puerta porque quiero agua¨. Entonces comprendí que el calor no me afectaba a mi solamente sino también a mis animales, que son en realidad adoptados, pero eso te lo cuento otro día. Habiendo comprendido esto decidí enfocar el ventilador hacia el gato para que se refrescara, pero empezó a estornudar y toser porque tiene asma y parece que el aire de golpe le pegó mal. Mientras tanto la tortuga ya cruzaba casi corriendo por el medio de la cocina hacia el patiecito del fondo, donde hacía más o menos 55 grados de calor, con baldosas. Entonces corro a agarrar la manguera para echarle agua al pobre animal, para que no se le achicharraran las patas y veo que me mira con esos ojitos inexpresivos pero que esta vez parecían decirme ¨gracias¨. De a poco va estirando las patitas para aplastar su panza contra el suelo como simulando estar en un río. Para esto el gato volvió a tirarse en el suelo y allí se quedó, porque seguramente ese es su mejor lugar. Así que aquí estamos esperando que caiga la tarde para asomar la nariz afuera e irme un rato a caminar por la costa. Si pudiera me los llevaría pero creo que no sería una buena idea.

miércoles, 8 de enero de 2014

El río


Ayer fui temprano a caminar por la playa. En dirección a Punta Mogotes. No había nadie, solo algún lejano trasnochado durmiendo. Ya había caminado unos cien metros por los bordes del mar, adonde llegan las olitas, esas que no vuelven sino que se absorben en la arena, cuando veo un río, de agua de mar, en su desembocadura. Sí, un río. ¿Y este río que hace acá?, me pregunté. Decido seguirlo. Me meto en el cauce y sigo caminando por él, ¿a ver a dónde me lleva?. No se veía el nacimiento. La corriente iba hacia el mar y yo iba en contra, cuando no. Tiene su encanto. Caminé bastante, el agua me llegaba arriba de los tobillos, de pronto la corriente se hace más suave hasta que no circula más, solo la mueve el viento, como en las lagunas. Sigo, hasta que por allí veo que estoy llegando al otro extremo y que el rio se hace como un hilo. Luego se diluye en la arena. El mar ha llegado hasta aquí en la madrugada, me dije, y el agua buscó la salida al mar rodeando la isla de arena que se le interponía. Es lindo caminar por un río, pensé. Me dió lástima que se terminara. Seguí caminando hasta que decidí retornar. Voy a volver por el mismo lado, dije. Cuando me encuentro otra vez con el río me interno en él nuevamente, pero al rato algo me causa sorpresa. Estaba pasando por un tramo donde el agua me llegaba a la mitad de la pantorrilla. No fue así cuando iba. ¿Cómo puede ser?. No sé, tal vez una ola muy grande volvió a llegar hasta este lugar, pensé dudosa. No era el mismo río. Lo era y no lo era. Me acordé de Heráclito que decía: ¨no nos podemos bañar dos veces en el mismo río¨, nada más literal en este caso. Como en la vida. No es lo mismo ir, que volver. Ni uno es igual, ni el camino es el mismo. Finalmente llegué a la correntada del comienzo y salí de él. Había sido lindo recorrerlo. Después me fuí. Estaba contenta porque me habían quedado los pies muy limpitos y relucían mis uñas rojas.

Fuente: mi facebook

sábado, 7 de diciembre de 2013

Hablar de nada


Hablar para decir algo de nada, parece una tarea imposible, pero eso no la hace desechable. Es como estar en una habitación cerrada, no obscura, cerrada, y tener la convicción de que en algún lado está la salida. Es una nada acotada, un descanso forzado en el camino, un no saber de donde se viene ni hacia dónde se va. Es un incómodo sinsentido. Pero es una nada que viene de la mano de un saber: de que un día las palabras se enlazarán con las cosas. Que entonces el mundo revivirá y volverá a ser reinventado infinitamente. Es una nada que no sabe si volverá a ser un mundo de amores o de dolores o sólo será otro mundo, diferente, sorprendente. Sólo sabe que será, cuando las palabras se hayan cansado de no encontrar la emoción. Cuando se olviden de no sentir. De no ser. Si las palabras no sienten no son palabras, son apenas esa nada que desborda.

jueves, 17 de octubre de 2013

Devaneos de un desvelo

Esa inquietud, siempre esa inquietud. 
La que no se aquieta. 
No es hoy, siempre fue la inquietud. 
Ni es la forma ni el contenido, ni la potencia ni el acto, es otra cosa.
Es un modo. 
Es un algo que excede. 
No es una cosa ni la otra, es algo más. 
Es lo que desborda y a la vez, lo que el alma aprecia. 
El alma, así, sin adjetivos, el alma del que la tiene. 
Del que no la ha perdido. 
Del que sabe que es el álito de la sobrevivencia en este mundo,
sólo uno de los posibles. 
Del que mira una imagen y la ve recortada en una tela. 
Del que escucha a los pájaros y los traduce a melodía. 
Del que ve una piedra y descubre su contorno. 

Los que sobreviven son los que encuentran el camino de los cielos.
En los confines de sus mentes. 
Los que pueden viajar a ignotos lugares sin salir de su morada.

Todo ello y algo más es la vida humana. 
No un transcurrir sino un significar, un interpretar, un inventar.
Es un creer, una ilusión, una mentira vital. 
El engaño es lo esencial de la vida. 
Y cuando cae el engaño viene el dolor. 

El que escribe se sabe inventor de engaños.
Fabulador del mundo y de la vida,
sólo una de las posibles. 



jueves, 18 de julio de 2013

inexorable vida

tus manos heladas
en las mañanas blancas
esperaban que el mundo
admirara tus ansias
de resistir los dolores

desanudando ataduras
en la alborada
imaginaban ser libres
pagando con martirio
ignotas culpas de tu alma

aún así
la inexorable vida
no escuchó tus reclamos
y finalmente se fue
aquella que te amaba


sábado, 6 de julio de 2013

La prohibición


Hoag le informa a Randall y Cynthia que ha descubierto en nuestro universo algunos defectos menores: serán rápidamente reparados en las horas siguientes. Ellos ni siquiera advertirán el cambio siempre y cuando al volver en su auto a Nueva York nunca bajen la ventanilla, en ninguna circunstancia y a pesar de lo que vean. Hoag parte; aún exitados Randall y Cynthia inician el regreso al hogar.
Mientras respetan la prohibición no sufren ningún contratiempo. Pero a cierta altura del camino presencian un accidente, un niño atropellado por un auto. Al principio la pareja conserva la calma y no se detiene, pero cuando encuentran un patrullero prevalece su sentido del deber, y se acercan para informarle lo que han visto. Randall le pide a Cynthia que baje un poco la ventanilla:
Ella obedeció, y en seguida aspira profundamente, tragándose un grito. No gritó, pero quiso hacerlo.
Fuera de la ventanilla abierta no había sol, ni policía, ni niños, nada. Nada salvo una niebla gris e informe, latiendo lentamente como si tuviera una vida rudimentaria. A través de ella no podían ver nada de la ciudad, no porque la niebla fuera demasiado densa, sino porque estaba…. vacía. De ella no se desprendía ningún sonido, no se veía en ella ningún movimiento.
La niebla se mezcló con el marco de la ventanilla y comenzó a penetrar en el interior del auto. Randall gritó: ¨!Cierra la ventanilla!¨. Ella intentó hacerlo, pero sintió las manos enervadas, entonces el propio Randall se tendió e hizo girar la manivela, subiendo la ventanilla a su sitio.
Reapareció la escena bañada por el sol, a través del vidrio vieron al patrullero, el juego tumultuoso, la acera y, más allá, la ciudad. Cynthia le puso una mano en el brazo. ¨Vayámonos, Tedy!¨ ¨Aguarda un minuto¨, dijo él tensamente, y se volvió hacia la ventanilla que tenía detrás. La bajó con mucha cautela, quedó apenas una grieta, menos de un centímetro.
Fue suficiente. El flujo gris informe apareció de nuevo allí, a través del vidrio se veía el tránsito de la ciudad y la calle iluminada por el sol, a través de la apertura… nada.

Fragmento textual extraído del libro ¨Mirando al sesgo¨ de Slavoj Zizek sobre una novela de ciencia ficción de Robert Heinlein titulada La desagradable profesión de Jonathan Hoag, Ed. Paidós, 1991, p.32

viernes, 12 de abril de 2013

Encontraremos siempre los mismos viejos miedos




 
So, so you think you can tell
heaven from hell,
blue skys from pain.
can you tell a green field
from a cold steel rail?
a smile from a veil?
do you think you can tell?
And did they get you to trade
your heros for ghosts?
hot ashes for trees?
hot air for a cool breeze?
cold comfort for change?
and did you exchange
a walk on part in the war
for a lead role in a cage?
How i wish, how i wish you were here.
we're just two lost souls
swimming in a fish bowl,
year after year,
running over the same old ground.
what have we found?
the same old fears.
wish you were here.

Así que crees que sabes distinguir
el paraiso del infierno
cielos azules del dolor
¿puedes distinguir un campo verde
de un frío rail de acero?
¿una sonrisa de un velo?
¿crees que puedes distinguirlos?
y ¿consiguieron transformar
tus héroes por fantasmas?
¿cenizas calientes por arboles?
¿aire caliente por una fria brisa?
Poco consuelo por monedas?
Y ¿cambiaste participar en parte de la guerra
por un papel principal en la jaula?
Cómo deseo, cómo deseo que estés aquí
somos sólo dos almas perdidas
nadando en una pecera año tras año
corriendo siempre sobre
el mismo viejo suelo
¿qué hemos encontrado?
los mismos viejos miedos
deseo que estés aquí.
 

martes, 2 de abril de 2013

Búsqueda, más allá de lo aparente

El alma no tiene décadas:
un joven de hoy
contiene la búsqueda
eterna de un ayer


y es nuestro, vive acá
en Mar del Plata


Nunca sabrán que nos importaron




No más lágrimas

¿cómo estás amigo?
por la muerte de aquellos que no conocimos,
nos arrodillamos y decimos una oración
nunca sabrán que nos importaron,

Mantendremos el fuego ardiendo
mantendremos la llama viva
trataremos de recordar
lo que está bien y lo que está mal.

No mas lágrimas, no más lágrimas
si hemos de vivir por cien años
amigos, no más lágrimas.

Si nos olvidamos de ellos
y del sacrificio que hicieron
la maldad y la tristeza
vendrán a visitarnos otra vez.

Bailaremos la danza en la luz solar
beberemos el vino de la paz
nuestras lágrimas serán de alegría
mantendremos controlada a la bestia

No más lágrimas, no más lágrimas.
Si hemos de vivir por cien años
Amigos, no más lágrimas

En nuestro interior el grito es silencioso
en nuestro interior debe permanecer
Sin vencedor, sin vencido
solo horror, solo dolor

No mas lágrimas, no más lagrimas,
si hemos de vivir por cien años,  
amigos no más lagrimas

No mas lágrimas, no más lagrimas,
si hemos de vivir por cien años,  
amigos no más lagrimas